ASUNCIÓN OFRECE PAISAJES HERMOSOS DESDE LA BAHÍA

Por Alfredo Penzzi

 

“En este trabajo uno no descansa, sea domingo o  feriado, si es tu turno tenés que venir a cubrir”, son las palabras de Pedro Gaona. Él es el dueño de la lancha “KABUREÍ III”, que día a día transporta a personas desde Chaco’í hasta el puerto de Asunción. 

El chofer se llama Rubén Fernández, cuenta que el trayecto es de aproximadamente un kilómetro y que se tarda unos veinte a treinta minutos en llegar de una costa a otra.

Todos los días, desde las 5 y 30 hasta las 19 horas, cada media hora sale una lancha. En él lleva o trae a gente que trabaja en la capital, como por ejemplo, a muchos profesores que enseñan en escuelas y colegios de Chaco’í  con quienes según relata Rubén ya mantiene una buena amistad.

 Las aguas del Río Paraguay están quietas, el viento suave amansa las olas, el conductor de la embarcación, presagia que no hay peligro alguno para navegar. “Ya soy un experto en el tema” asegura, mientras atento mira de un lado a otro sosteniendo con las dos manos el volante.

En un país, dos mundos. Su cara denota serenidad, y mucha tranquilidad. “Mirá un poco la bahía, allá abajo está la Chacarita y después, los edificios”, una sonrisa cómplice se nota en su rostro. “Los pobres y los ricos,” sentencia Pedro, moviendo la  cabeza de un lado a otro, como desaprobando el contexto de un paisaje a la vista de todos.   

El ruido de motor dificulta  la conversación. Pero sigue a pesar de todo.

-¿Desde cuándo eres dueño de esta lancha? – Pregunta el periodista.

- Hace poco nomás, diez años por ahí. Estaba en otra cosa y después decidí comprarlo por veinte millones de guaraníes.

-¿Sos de Chaco’í?

- Sí, soy del pueblo. Pero vivo en Loma Pytá. Ahí estoy con mi familia hace rato.

- Pero ¿soles irte al Chaco?

-Claro, allí viven mis padres y vengo a visitarlos cada fin de semana.

Paisajes. La bahía de Asunción propone vistas diferentes. Desde lejos se divisan las nuevas casas construidas  en el Barrio San Felipe,  mientras en  otro horizonte se encuentra  el centenario Club Nacional de Regatas “El Mbiguá”, de donde salen dos muchachos con piraguas – pequeñas canoas estrechas con el que se practica “remo”.   

 “Sólo los hijos de los ricos pueden entrar ahí”, asevera  Fernández. Así también, se ve el edificio de  la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), con mucha gente en movimiento, barcos cargueros que anclan frente a ella para cargan enormes  contenedores que después llevan a diferentes países del  MERCOSUR. Y por supuesto el imponente Palacio de Gobierno, y el Cañonero Humaitá. De repente la lancha da la vuelta.

Termina el paseo. Se dirige otra vez  a la playa Montevideo,  lugar donde ellos esperan a la gente que desean pasar al otro lado de la región. “ya llegamos”, murmura.

Al tiempo sale otra lancha cargada de pasajeros que va de vuelta al Chaco.

Se paga 5000 guaraníes por el paseo, mientras se prepara para recibir a otras personas, en un atardecer nublado y cansino.

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