Periodismo Narrativo

EL PRESENTE  DE JUAN EN LAS CALLES

Por Alfredo Penzzi

Hace calor en estos días. Las calles del centro de Asunción parecen calderas por donde transitan las vidas de miles de personas. Entre esa muchedumbre distraída y apurada, está  Juancito. Uno de los tantos lustrabotas de la zona que camina buscando clientes con mocasines  negros o marrones para ofrecer sus servicios.

Tiene 10 años. En su cajita de madera algo gastada guarda sus elementos de trabajo, así como sus sueños. La remera estropeada ya casi sin color, su short oscuro y zapatillas demacradas por el calor del asfalto hacen su día a día laboral. “El año pasado abandoné la escuela…papá se fue de casa y tengo que estar todo el día por acá para ganar algo de dinero”, dice Juan.

El tercer grado de la primaria se convierte así en el tope de su vida educativa, con miras al futuro. Sin embargo, sonríe de oreja a oreja como si lo malo de su destino fuese lo mínimo, de esta manera muestra su fortaleza juvenil.

Aún espera un cliente. Mira los pies, no tanto la cara. “ahí está el negocio” aclara Juancito, al tiempo que su sonrisa vuelve a inundar su rostro tostado por los rayo del sol.

 Un señor se acerca y acepta el lustro, él se sienta en la vereda, abre su cajita y saca su betún, un cepillo y una lona. Entonces comienza su labor. Una vez untado la pomada, el vaivén de sus pequeñas manos, no para por unos cinco minutos, se mueven de un lado a otro del calzado. Y de esa manera sigue, pero siempre sonriente.

-¿Qué tal por tu casa? Juan. –Pregunta el periodista.

-Y más o menos, a veces bien otras mal.

-Tu mamá, ¿qué hace?

-En casa todo el día, me quita todo lo que gano. -Se ríe.

-Pero, te compra para tu comida seguro.

-Yo desayuno nomás en casa y después ya salgo…vuelvo a la noche no más ya.

De pronto Juan se detiene y descansa. No deja de mira con sus ojos saltones el resultado parcial de su servicio. No le convence mucho y sin esperar más, se vuelve encima del zapato, al son del  movimiento profesional.

¿En qué estará pensando? Tal vez en sus amiguitos, sus juegos, la escuela, los dibujitos de la tele. Nunca se sabrá en qué. Termina por fin su trabajo y se levanta. Unas gotas de sudor recorren su rostro de niño, parece algo cansado. Su entusiasmo retorna al recibir su paga.

Se lo oye contento cuando dice: “ya tengo un cinco mil, ahora voy a buscar otro cliente quiero completar diez mil guaraníes”. La mueca en su rostro se vuelve a notar, al tiempo que da la vuelta y se despide:

-¡Chau nos vemos!

-¡Dale suerte!

Se aleja saltando alegre, perdiéndose  entre la masa  y  mirando los pies de las personas.

 

Una Respuesta a Periodismo Narrativo

  1. Blanca dice:

    Con esto sacaste el mejor puntaje. JAJAJAJAJA
    aSÍ NO DA GUSTO ISH!!!

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